sábado, 5 de abril de 2014

El Osario de Sedlec


Kutná Hora alberga uno de los lugares más curiosos del planeta creados por el hombre. Una pequeña iglesia románica construida en 1400 y redecorada posteriormente con más de 40.000 esqueletos humanos.

Kutná Hora es una ciudad de Bohemia Central, región de la República Checa. Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, esta localidad aún guarda la esencia del Medievo en sus calles, las cuales conservan su trazado original. Importante en el siglo XIII por la explotación de las minas de plata que se encuentran en las proximidades, Kuntá Hora tuvo una explosión económica que le permitió competir con Praga.

Muchos son los monumentos que comprenden la oferta cultural de Kutná Hora, como por ejemplo la Casa de Piedra, el Castillo Real (Patio Italiano) o la iglesia de Santa Bárbara, que es quizá la iglesia gótica más famosa de toda Europa Central. No obstante, y sin desmerecer el resto de construcciones quizá la más sorprendente sea el Osario de Sedlec. Una capilla llena de macabra belleza que encierra en su interior más de 40.000 esqueletos humanos a la vista de los turistas.


Esta capilla se encuentra situada bajo el suelo del Cementerio de Todos los Santos, y cuenta con una particular historia que nace con el viaje que el abad del monasterio de la Orden de Císter de Sedlec, realizó a tierra santa por orden del rey Otakar II de Bohemia. El abad Henry, que así se llamaba, decidió traer de Golgotha un puñado de tierra santa que roció por el suelo de la abadía. Al parecer esta anécdota se extendió por toda Europa Central, de tal forma que todo el mundo quería ser enterrado en esta localidad. Debido a la difusión de esta historia y a las víctimas de la peste negra y las guerras husitas, el cementerio se vio desbordado. Este fue el motivo por el que se vieron obligados a ampliarlo por primera vez.

En 1400 se decidió construir una iglesia gótica en el centro del cementerio. Esta iglesia tenía dos niveles, un primer nivel donde se realizaban los actos religiosos y un segundo nivel que se planteó como osario de los restos humanos que se encontraban dispersos en una fosa común en el cementerio. La exhumación de la fosa tuvo lugar en 1511, no obstante varios siglos después, los huesos humanos seguían apilados en la parte inferior de la iglesia sin saber muy bien qué hacer con ellos.

En 1870 la familia Schwarzenberg corrió con los gastos de una nueva reforma, esta vez de la iglesia construida en mitad del cementerio. Para ello contrató a Frantisek Rit, un tallista de madera, que sería el encargado de redecorar la capilla. El artista pasó una larga temporada encerrado literalmente entre los muros del osario, hasta que finalmente dio por terminada su obra. Había utilizado todos esos huesos, apilados por el paso del tiempo, para crear una decoración tan macabra como única en el mundo. Con los huesos construyó muros, pequeños y grandes elementos decorativos que formaban cruces e incluso lámparas de araña. También realizó un escudo en honor a la familia que había hecho posible la obra. Finalmente el resto de calaveras las incrustó en la cúpula para dar por terminada su obra. El resultado de esta obra quizá pueda parecer macabra, pero lo cierto es que esta pequeña iglesia recibe nada más y nada menos que 150.000 turistas al año. ¿Una verdadera obra de arte o un macabro culto a la muerte?




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